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Alexander Chala, sargento reservista del Ejército colombiano: «Están secuestrando y asesinando a nuestros jóvenes»

El sargento reservista del Ejército colombiano, Alexander Chala, representante de la Corporación Veteranos por Colombia, es uno de los escasos militares que se ha posicionado junto al pueblo en las masivas protestas que están agitando Colombia durante este mes de mayo y que han provocado, incluso, que la CONMEBOL haya decidido que la Cópa América de fútbol solo se celebre en Argentina (inicialmente, Colombia y Argentina compartían sede).

Su defensa de la ciudadanía, especialmente de los jóvenes, los que están liderando las protestas, y sus denuncias de la represión de las fuerzas policiales y militares colombianas le han puesto en la diana. Ahora es un objetivo más en un país que lidera el infame ránking de líderes ecologistas asesinados a nivel mundial, más de sesenta en el año 2019, y que no tiene problema alguno en liquidar a quien se enfrenta al Estado, ya sea bombardeando niños, a los que el ministro de Defensa ha llegado a calificar de «máquinas de guerra», o secuestrando y ejecutando disidentes o ‘ilegales’. Un Estado fallido y represor que se ha convertido en el mayor productor de cocaína del mundo, el 70% a nivel mundial, y en el mejor socio de la OTAN y de los Estados Unidos en Latinoamérica.

Sin embargo, Alexander Chala no tiene miedo y continúa denunciando, aun cuando en las últimas horas el general Zapateiro, jefe del Ejército colombiano, le ha exigido por escrito una rectificación, según ha publicado el propio sargento Chala en su cuenta de Twitter, la cual habría sido enviada también a la Fiscalía General de la Nación. En ella el general Zapateiro solicita al sargento reservista que se retracte de sus declaraciones de apoyo al paro nacional dado que dicho apoyo, según el alto mando militar colombiano, genera violencia e incita a la guerra y el terrorismo, además de dañar la imagen del Ejército colombiano. La respuesta de Alexander Chala deja poco margen a la duda, ya que acusa al Estado de criminalizar las protestas y reprimirlas con brutalidad, llegando a secuestrar y asesinar disidentes junto a grupos paramilitares, y asegura estar dispuesto a asumir las consecuencias de sus denuncias.

«Están secuestrando y asesinando a nuestros jóvenes»

Sin duda, una de las denuncias más serias la constituye la acusación a las fuerzas policiales y militares colombianas de actuar en connivencia con grupos paramilitares en la desaparición y el asesinato de los jóvenes que están liderando las propuestas. Una actuación que, de confirmarse, solo añadiría una página más a la negra historia de Colombia, todavía pendiente de desvelar por completo el historial de ‘falsos positivos’, y en general de esa América Latina que, en las últimas décadas, susurrada por los Estados Unidos, ha sido capaz de cometer casi cualquier atrocidad.

No es la única denuncia, pues el sargento Chala también denuncia la compra de armamento en plena pandemia, la carencia de un futuro para los jóvenes o los abusos y acosos sexuales que están sufriendo, como castigo añadido, aquellas jóvenes que también están liderando las protestas.

Por su valentía, la voz del sargento reservista Alexander Chala debe llegar a la ciudadanía, pues solo de esta manera sus denuncias podrán ser investigadas. Aquí tienes, por si te interesa, la entrevista completa, realizada hace escasos días, el pasado 17 de mayo.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el predominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).

El ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles afirma desconocer la existencia de un informe sobre neonazis en el Ejército español

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una reciente visita a la Legión.

El ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles ha respondido al diputado Jon Iñarritu que desconoce la existencia de un informe que desvelaría la existencia de una célula neonazi dentro del Ejército español, con el agravante de estar formada en parte por oficiales, uno de los cuales ocuparía un puesto de relevancia dentro de los servicios de inteligencia de la Base Aérea de Albacete.

Una respuesta que resulta sorprendente por cuanto este informe ha sido publicado en varios medios de comunicación y ampliamente difundido en las redes sociales, llegando a ser un tema de conversación relevante. Además, recientemente, un neonazi arrepentido relató sus experiencias en el programa de Jordi Évole y asombró a no pocos al afimar que fue perseguido por el Ejército español y que en este la presencia de la ultraderecha es representativa de la sociedad. Aseveración muy llamativa si tenemos en cuenta que no fue sancionado y, a día de hoy, sigue siendo militar al igual que los militares ahora denunciados en el mencionado informe.

Pero, ante todo, se trata de una respuesta indignante porque contrasta con la investigación ordenada a la Guardia Civil por el actual Jefe de Estado Mayor, Francisco Varela Salas, para que investigara al cabo Marco Antonio Santos Soto, firmante de un manifiesto antifranquista. Una investigación que acabó con su expulsión, firmada por el mencionado alto mando y ratificada por la propia Margarita Robles.

No saben ni quieren saber de ultraderechistas ni de neonazis, a los que permiten que el Ejército español se convierta en su refugio, pero se comportan con inmisericordia con los demócratas. Cosas de este Ejército español tan democrático, esa democracia plena llamada España, ese PSOE que se autodenomina progresistas y esa ministra de Defensa, Margarita Robles, que se ha convertido, con gran gusto, en ídolo e icono de la ultraderecha.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el predominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).


Respuestas de Margarita Robles al diputado de EH Bildu Jon Iñarritu:

Una cadete denuncia haber sido violada por dos compañeros en las duchas de la Academia General Militar de Zaragoza

  • Es la segunda denuncia por acoso o agresión sexual en la Academia General Militar en los últimos tres años.
  • Las academias militares se han convertido en foco de denuncias por acoso y agresión sexual en las últimas décadas.
  • La Justicia militar, carente de los elementos básicos de independencia e imparcialidad, será la encargada, salvo sorpresa, de resolver el caso.

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Por qué la entrevista de Jordi Évole a un neonazi arrepentido es desinformación

La entrevista de Jordi Évole a un neonazi arrepentido se convirtió en un enorme ejercicio de desinformación por múltiples motivos, pero el principal radica en la carencia del telespectador de voces e historias que le hubieran podido contextualizar, matizar y cuestionar la versión ofrecida por el neonazi arrepentido. Voces e historias que Évole, La Sexta y muchos otros han silenciado o minimizado.

De alguna forma, los telespectadores se han enfrentado al protagonista de la entrevista con la misma desnudez que la que este contempló por primera vez a Hitler, cuando era solo un adolescente, en un documental que estaba visionando su padre. Igual que al neonazi arrepentido la educación española no le proporcionó las herramientas necesarias para contextualizar aquella tétrica figura histórica, a los telespectadores no se les ha proporcionado los elementos necesarios para poder criticar objetivamente las incoherencias y debilidades del mensaje emitido. He ahí la desinformación manifiesta.

Neonazi arrepentido, suboficial del Ejército español

Ha pasado casi inadvertido, como si fuera un asunto menor, que el protagonista de un reportaje sobre un neonazi arrepentido sea un suboficial del Ejército español, un mando militar, pero no es ni mucho menos baladí. De nuevo, el Ejército español asociado a la ultraderecha, en este caso, a la más extrema, como en no pocas ocasiones, incluidos asesinatos y violaciones. Tampoco se puede ocultar que Vox, la ultraderecha actual, ha sido la formación política que cuenta con más neonazis y militares, especialmente históricos.

Tatuajes nazis

Tal y como se pudo comprobar en la entrevista, el protagonista es un militar español con un gigantesco tatuaje de Rudolf Hess en la espalda y con tatuajes de generales nazis en el brazo. Tatuajes que consiguió minimizar, tal y como él mismo asevera, alegando que el tatuaje de Rudolf Hess “era de su abuelo” o que los generales nazis eran militares condecorados y que por ello se los había tatuado. Esta última excusa encaja a la perfección con la ofrecida en multitud de ocasiones por militares ultraderechistas y por el propio Ejército español para justificar la apología de la figura de Francisco Franco en los cuarteles: ‘Era un buen militar’.

Sin embargo, siendo honestos, una simple y breve visión de los tatuajes corporales resulta suficiente para comprobar la indudable adscripción a la ideología nazi, una adhesión que en el Bundeswehr, el Ejército alemán, habría supuesto su expulsión inmediata como de hecho han padecido varios centenares de militares en el último lustro, mientras que en el Ejército español no solo no provocó grandes problemas, sino que él mismo afirma que consideró al Ejército español como un refugio en el que poder gozar de una estabilidad para continuar con sus actividades extremistas: “¿Cómo puedo hacer para tener vivienda gratuita, dinero y poder continuar con mis actividades? Muy fácil, el Ejército”. En España el ejército es un refugio para todo tipo de ultraderechistas, en Alemania es una trampa.

La cuestión de los tatuajes, además, entronca directamente con un episodio personal que viví cuando fui encerrado en el centro disciplinario de Colmenar Viejo, a finales de 2014, y coincidí con tres mandos militares, dos suboficiales y un teniente coronel. Los tres eran ultraderechistas. Curiosamente, uno de los sargentos llevaba tatuada un Águila de San Juan en la pierna, mientras que el teniente coronel escribía en la Fundación Francisco Franco. Hoy, los tres siguen en el Ejército, yo no, aun cuando el teniente coronel siguió escribiendo y siguió siendo sancionado, pero nadie se planteó expulsarles.

Más allá de la facilidad con la que los militares españoles exhiben tatuajes ultraderechistas, convendría señalar otro elemento que ha servido para añadir confusión, ya que, aun siendo los tres militares con los que compartí encierro ultraderechistas ninguno de los tres era nazi, o al menos ninguno mostró evidencias de ello. Es decir todos los nazis son ultraderechistas, pero no todos los ultraderechistas son nazis, porque el nazismo en España es una forma exótica y extrema de ultraderecha. Por tanto, aun cuando fuera cierto que se persiguen nazis en el Ejército español, que no lo es, ello no significaría que se estuviera persiguiendo ultraderechistas.

Persecución

Si analizamos la entrevista se puede comprobar que el neonazi arrepentido participó como apoyo del asalto a la librería Blanquerna perpetrado el 11 de septiembre de 2013 sin que el CNI ni los servicios de inteligencia militares le detectaran. O quisieran detectarle. Porque ello, no detectarle, se muestra como un imposible a tenor de la exhibición nazi de su cuerpo. Y en esas fechas el protagonista ya llevaba muchos años siendo militar. ¿A qué se podía dedicar un militar con semejantes tatuajes?

De nuevo, en base al testimonio del arrepentido, podemos comprobar que no fue hasta que llegó a Córdoba, en 2016, tres años después del asalto a Blanquerna y una década, o más, después de su ingreso en el Ejército español, cuando comenzó a ser perseguido. Una persecución que coincide temporalmente con la radicalización, todavía más, de sus posiciones hasta el punto de plantearse perpetrar atentados. Esto es importante porque demuestra que el neonazi arrepentido no fue perseguido por ser neonazi, sino que fue fiscalizado por extremar sus posiciones hasta el punto de plantearse perpetrar un atentado. Se le persiguió por convertirse en radical entre los radicales, no por ser neonazi, lo que ya de por sí se sitúa en lo extremo de la ultraderecha –el propio neonazi aseveró que consideraban a Vox o Le Pen “del sistema”–.

Otra afirmación que refuerza esta tesis la encontramos cuando, tras la apertura del expediente, afirma que “me dejaron tranquilo porque ya no me consideraron peligroso”. Es decir, un neonazi puede vivir con tranquilidad en el Ejército español siempre que no se plantee perpetrar un atentado, de hecho él mismo afirma que se estuvo afiliado durante años a un partido político extremista, Alianza Nacional, sin que los servicios de inteligencia le detectaran o quisieran detectarle, aun cuando también era militar.

Otro elemento que resulta ilustrativo lo encontramos en la composición del grupo de nueve extremistas de extremistas de lo extremo, es decir de nazis radicales dispuestos a atentar: un tercio eran militares –dos militares y un guardia civil–. Obviamente, estos colectivos no suman un tercio de la población.

Una gran mentira o una gran falta de perspectiva

Sin embargo, lo más grave de la entrevista se produce cuando el neonazi arrepentido afirma que la persecución que sufrió en el Ejército la evaluaría “con un 10” entre 1 y 10 o cuando asevera que sufrió un expediente que caducó a los seis meses porque su abogado era muy conocedor de la normativa militar. Expediente que ya he advertido que se abrió en el momento en el que se planteó perpetrar la “lucha armada”. Expediente por el que entiende que fue perseguido.

Esta afirmación es radicalmente falsa, ya sea por falta de perspectiva o por cualquier otra cuestión, debo reseñar que entre el año 2014 y 2015 yo fui expedientado para ser expulsado y mis expedientes superaron los seis meses: mi expediente de expulsión comenzó en octubre de 2014 y finalizó en junio de 2015. Además, fui arrestado en tres ocasiones por un total de 139 días, que habrían sido 150 de no modificarse en 2015 el Régimen Disciplinario Militar, uno de ellos de forma preventiva, y fui cesado en el destino. Ninguna de estas medidas fue implementada al neonazi.

Pero, sobre todo, esta afirmación es falaz porque los expedientes militares carecen de las suficientes garantías legales como para que puedan ser retrasados a voluntad del encausado, siendo, además, inmediatamente ejecutivos. Es decir, aun cuando no son firmes las resoluciones, las sanciones militares son inmediatas. Si hubieran querido expulsar al neonazi, le habrían expulsado, aun con defectos de forma, y habría tenido que reclamar por vías judiciales su reincorporación. Exactamente lo que le está sucediendo en la actualidad al cabo Marco Antonio Santos como represalia por firmar un manifiesto antifranquista y lo que me sucedió a mí en el pasado –después de más de siete años, todavía estoy en tribunales europeos–.

Por concretar, si el expediente que sufrió el hoy neonazi arrepentido “caducó” fue porque los mandos quisieron y permitieron que caducara. Por ello, considerar que fue «perseguido» por impedir su participación en misiones militares cuando se estaba planteando perpetrar un atentado resulta grotesco, tanto como que le dejaran tranquilo cuando sintieron “que ya no era peligroso”. En Alemania o en Francia no persiguen nazis, los expulsan.

La gran desinformación

Desgraciadamente, la gran desinformación de Jordi Évole, de La Sexta o de otros medios de comunicación, tipo Eldiario, El País o Infolibre, el gran problema en definitiva de este programa, es que esta información es recibida por un ciudadano que no puede contextualizar lo que relató el neonazi arrepentido. Y no puede porque no sabe que Marco Antonio Santos Soto ha sido expulsado como represalia por haber firmado un manifiesto antifranquista tras una investigación en las redes sociales por la Guardia Civil. Una expulsión que, además, se produce solo tres meses antes de pasar el cabo Santos a la reserva. Es decir ni siquiera le expulsaron para que abandonara el Ejército español porque ya se iba, le expulsaron como venganza para dejarle sin la paga que le correspondía como militar reservista tras más de veinte años de servicio. Y le expulsaron con la complicidad inicial de Margarita Robles y con su rúbrica posterior, pues es ella la autoridad que ratifica la expulsión.

Resulta evidente que si los ciudadanos no conocen su expulsión es porque Jordi Évole no le ha entrevistado ni ninguno de los medios anteriores ha informado sobre ella –salvo El País de forma marginal sin relacionarla con Margarita Robles o Eldiario, medio que dejó de informar sobre su caso después de la llegada del PSOE al gobierno–. Y no conocen su historia porque desnuda al PSOE, a Margarita Robles, al Ejército español, a La Sexta y a tantos medios que se autoproclaman progresistas. Un desconocimiento que, en última instancia, transforma la entrevista de Jordi Évole en un brutal ejercicio de desinformación y es que entrevistar a un militar demócrata expulsado por Margarita Robles desmonta el sistema, mientras que entrevistar a un militar neonazi arrepentido lo apuntala. Más periodismo. Periodismo a pesar de todo. Más de lo mismo.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el preodominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).


Colofón: ¿Investigará La Voz de Galicia su noticia falsa y tomará medidas al respecto?

Quisiera reseñar cómo el neonazi arrepentido asevera que el diario La Voz de Galicia convirtió en una vasta organización criminal con vínculos internacionales, tanto ideológicos como económicos, con múltiples actividades delictivas que oscilaron entre la prostitución y las drogas a una decena de chavales extremistas. Creo que semejante desinformación merece que el diario gallego abra una investigación y adopte las correspondientes medidas al respecto, pues son estas desinformaciones la base sobre la que los extremismos se construyen. Y en este aspecto me parece acertada la reflexión del neonazi arrepentido.

Francia sancionará, incluyendo expulsiones, a los militares en activo que firmaron un manifiesto ultraderechista (mientras España, y Margarita Robles, sigue protegiendo a la ultraderecha militar)

Francia ha anunciado que procesará y sancionará, incluyendo expulsiones, a los militares en activo firmantes de un manifiesto ultraderechista.

Alemania ha expulsado en los últimos años a varios centenares de militares e incluso ha disuelto unidades de élite por el problema de la ultraderecha militar.

Mientras tanto, en España se niega la existencia de cualquier problema con la ultraderecha militar, aun cuando en los últimos veinte años se han producido más de medio centenar de escándalos ultraderechistas, y el único expulsado ha sido un militar demócrata tras firmar un manifiesto antifranquista.

Margarita Robles, ministra de Defensa.

Francia, como Alemania en los últimos años, se mostrará inflexible con aquellos militares, incluyendo altos mandos como generales, que se han adherido públicamente a las tesis de la extrema derecha mediante un manifiesto publicado el pasado 21 de abril en la revista ultraderechista Valeurs Actualles, en el que se advertía del peligro creciente de una guerra civil y se responsabilizaba de ello a los migrantes, especialmente a los islamistas: “Mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”. Un manifiesto que ha sido jaleado por Marine Le Pen, la cual ha invitado a los firmantes a participar de las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en 2022, y que fue publicado en el sexagésimo aniversario del Golpe o ‘Putsch de Argel’, perpetrado en 1961 cuando cuatro generales intentaron un golpe contra el general De Gaulle.

La ultraderecha militar en Francia y en España, diferentes

Según el diario francés Libération, el apoyo de la extrema derecha en las fuerzas policiales y militares osciló entre el 30% y el 55% desde 2012 a la actualidad, lo que supone una disonancia con respecto a la sociedad francesa, ya que en las elecciones europeas de 2019, aunque fueron ganadas por Marine Le Pen, sus resultados, un 23,31%, quedaron bastante alejados del porcentaje de apoyo sugerido entre policías y militares. Una discordancia, en cualquier caso, menor que la acaecida en España, donde más de un 75% de las secciones electorales en las que se encuentran acuartelamientos o recintos militares ofrecen resultados electorales de Vox por encima de su media provincial, cuando esta formación se sitúa en tercer lugar, tras el PSOE y el PP con resultados electorales que rondan el 15% –El Ejército de Vox–.

Más allá de si la problemática es mayor o menor en España que en Francia o Alemania, resulta imprescindible señalar las dos principales diferencias entre el problema español y el francés –y también el alemán–. En primer lugar, la composición de los firmantes en el caso del manifiesto ultraderechista francés, aunque en número se asemeja, algo más de un millar, resulta más heterogénea y plural, pues si bien en el caso francés nos encontramos con escasos altos mandos, escasamente una veintena entre más de mil, los manifiestos firmados en España lo son de forma abrumadoramente mayoritaria por altos mandos militares, incluyendo tenientes generales, generales de división y de brigada, coroneles y tenientes coroneles. Es decir, se trata de personas que han ocupado cargos de gran responsabilidad en las últimas décadas, lo que permite suponer que el problema en el Ejército francés se encuentra jerárquicamente más disperso o incluso más concentrado en la parte baja de la pirámide, mientras que en España la situación es completamente opuesta: la ultraderecha domina la cúpula militar, que ha sido responsable, promotora y protectora de la mayoría de las manifestaciones ultraderechistas.

Lo que nos lleva a la segunda cuestión, derivada de la anterior, pues la posición de las autoridades y altos mandos militares franceses, que han sancionado a una treintena de militares en los últimos años relacionados con la ultraderecha, o del Gobierno alemán y de la cúpula militar germana, que en el último lustro ha expulsado a varios centenares de militares e incluso ha disuelto unidades de élite por su relación de la ultraderecha, es diametralmente opuesta a la mantenida por la cúpula militar española y por la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Francia promete expulsar a los ultraderechistas mientras Margarita Robles expulsa a los demócratas

Porque si bien la ministra de Defensa francesa, Florence Parly, utilizó términos similares a los empleados de Margarita Robles, alegando que los militares firmantes “solo se representan a sí mismos” por no formar parte del Ejército francés, ello no se trató en ningún caso de un intento de minimizar ni ocultar el problema, ni mucho menos una forma de proteger a los firmantes, sino de un intento de evitar que Marine Le Pen pudiera obtener beneficio por la polémica o que se apropiara indebidamente en público de los cuerpos policiales y militares.

De hecho, varios miembros del Gobierno francés, como la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenaron abiertamente el manifiesto y el jefe de Estado Mayor de la Defensa, François Lecointre, a diferencia de la cúpula militar española, prometió una respuesta contundente contra los firmantes –aunque la mayoría de ellos están retirados, los que todavía se encuentran en activo, un total de dieciocho, recibirán una dura sanción, la cual, además, será graduada en función del rango, de tal forma que aquellos que cuenten con más galones recibirán las mayores sanciones, que se presumen serán expulsiones–.

Y es que el máximo jefe militar francés anunció que los generales serían procesados por un organismo militar tras el cual el presidente de la República, Emmanuel Macron, firmaría las expulsiones. Una posición incomparable tanto con la del anterior JEMAD, Miguel Ángel Villarroya, dimitido por violar los protocolos de vacunación para inmunizarse el primero junto a otros muchos altos mandos militares, como con la del jefe de Estado español, Felipe VI, que no solo no firmó expulsión alguna de militares ultras, como hará Emmanuel Macron, sino que ni tan siquiera se dignó a responder públicamente, no ya el mencionado desafío, sino ninguna de las múltiples manifestaciones ultraderechistas de los altos mandos militares españoles en las últimas décadas, incluyendo la conversación en chat desvelada en mi cuenta de Twitter en la que se charlaba distendidamente sobre fusilar a 26 millones de españoles –en El Ejército de Vox se documentan más de medio centenar de episodios ultraderechistas en el Ejército español en las últimas dos décadas sin que exista respuesta pública de ninguno de los dos monarcas españoles–.

Pero, ante todo, la dureza francesa con las afiliaciones ultraderechistas en el ámbito militar colisiona muy especialmente con las respuestas del actual jefe de Estado Mayor del Ejército, Francisco Varela Salas, y de la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, que decidieron expulsar al cabo Marco Antonio Santos Soto, como represalia por firmar un manifiesto democrático o contra manifiesto a favor del Gobierno y de los valores democráticos y en contra de Franco. Según las resoluciones del JEME, ratificadas por Margarita Robles, consideran contrario a los valores militares firmar un manifiesto democrático con un ‘Salud y República’, por lo que se solicitó una investigación a la Guardia Civil de las redes sociales del militar demócrata que terminó en expulsión.

España, un histórico paraíso para la ultraderecha militar

Sin embargo, lo más preocupante del problema español radica en la reiterada e histórica impunidad de la ultraderecha militar. Valga como ejemplo que el teniente general Mena, al mando de más de 40.000 militares y en un acto público, solo fue sancionado con unos días de arresto cuando amenazó en el año 2006 con un movimiento golpista por la negociación del Estatut de Catalunya; el general Juan Chicharro, hoy al frente de la Fundación Nacional Francisco Franco y antaño ayudante del rey Juan Carlos, fue exonerado en 2013 de unas manifestaciones golpistas en las que aseveraba que “la patria vale más que la democracia”; los componentes de una célula neonazi identificada por una asociación militar que remitió un informe a Margarita Robles no fueron ni siquiera investigados; los participantes de una fiesta militar en la que se cantaron canciones neonazis con el brazo en alto solo recibieron sanciones leves; o los cinco militares en la reserva firmantes del manifiesto contra la exhumación del cadáver de Franco no es que no fueran expulsados, como el cabo demócrata, es que ni siquiera se contempló. Una posición española muy contraria a la que mantienen tanto la cúpula militar como los gobernantes franceses y alemanes. Porque en los últimos días Angela Merkel se ha posicionado con extrema dureza contra la existencia de la ultraderecha en los Ejércitos, explícitamente en el español.

Desgraciadamente, al contrario que en Alemania o Francia, España es un país en el que la ultraderecha se encuentra en las estructuras más altas de la sociedad civil y militar desde que hace casi un siglo derrocaran la democracia junto a nazis y fascistas.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el preodominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).