Última hora
Franco no fue un valeroso comandante, fue un sanguinario y brutal militarEl 18 de Julio y el deber de recordarEl acoso del Estado español: tercera denuncia judicial rechazada, esta vez de Margarita Robles en personaLa impostura de la derecha franquistaNada que celebrar en el “Día Mundial de la Persona Alertadora de Corrupción”

El 18 de Julio y el deber de recordar

Por Floren Dimas

Han pasado 85 años y la sociedad española se divide en dos grupos: el de varias decenas de millones de españoles, que lo ignoran todo sobre aquella fecha de 1936 y el de los de aquellos para los que sí tiene un significado determinante, para comprender porqué ahora estamos como estamos.

Haz unos días, concretamente el 14 de julio, en toda Francia se celebró el aniversario de la Revolución Francesa de 1789, sin que fuese necesario explicar a cada ciudadano francés el significado de la Fiesta Nacional.

Comparten este conocimiento cientos de millones de ciudadanos del mundo, concienciados de lo que la Revolución Francesa significó para la construcción de un marco de derechos y deberes de los ciudadanos, que sirvió de base para la redacción de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, sobre la que se han edificado la mayoría de las Constituciones de los países democráticos posteriormente.

En cualquiera de estos países, el aniversario de una fecha con el significado histórico del 18 de julio de 1936 en España, merecería no un espacio festivo en el calendario, porque nada festivo hay en recordar un golpe de estado y el inicio de una guerra civil, pero al menos mercería la pena dedicarle un recordatorio reflexivo colectivo, sobre las consecuencias y el impacto que ha tenido -y sigue teniendo- aquella fecha para la actual sociedad española.

En ningún país europeo de nuestro entorno existe el concepto de memoria histórica, porque los acontecimientos y los protagonistas de los años 30 y 40, que en España forman parte de este concepto, en el resto de Europa han sido incorporados a su historia, con toda la carga de matices heroicos, de grises y de pasajes negros, en sociedades que están en disposición de asumir sin sonrojo de culpa ni aspavientos y sin que en ninguno de los países que fueron víctimas de la implantación u ocupación de regímenes totalitarios, se plantee actualmente el debate de si fueron buenos o malos, ya que nadie discute en Alemania, Francia, Italia, Croacia, Hungría o Rumanía, si aquellos líderes son hoy dignos o no del homenaje o el desprecio social e institucional que merecen.

Dentro de poco se debatirá en el Parlamento la ley de Memoria Democrática, una ley innecesaria en los países anteriormente citados, porque las víctimas de aquellos regímenes, han sido ya reconocidos social, jurídica e institucionalmente, a lo largo de más de siete décadas.

Nadie espera que sea un debate parlamentario fácil. Las ideas y los intereses que se conjuraron para dar un golpe de estado en 1936, hoy se alinean en el Parlamento español como el frente trifachito. PP- CS-VOX, con casi idénticos argumentos que entonces lo hicieron los golpistas del 36: el peligro de los planes del comunismo para asaltar al estado, la unidad de España se derrumba, la inseguridad campa por las calles, la ruina y que el paro y el hambre amenaza a los españoles… Menos mal que la promesa de un gobierno fuerte de palo y tentetieso, podrá traer la seguridad y prosperidad para todos. Los viejos argumentos ya conocidos, sin ningún aportación novedosa que llevarse al catecismo populista.

La fecha del 18 de Julio, debería de incorporarse al calendario oficial de efemérides, no como un día festivo, sino un día dedicado a interpretar lo que aquella fecha ha significado para la historia de España, y para enaltecer la memoria de los que cayeron y se significaron en la defensa de los valores de justicia y libertad.

18/07/2021

Floren Dimas es Oficial del Ejército del Aire (R). Miembro de Anemoi y de ACMYR.
Delegado de AGE en la Región de Murcia.

La impostura de la derecha franquista

Por Manuel Ruiz Robles (*)

Franquistas de toda la vida se pavonean impunemente haciéndose pasar por demócratas. Algunos, como el Sr. Mayor Oreja, ex ministro del interior, llegó a describir la dictadura como una situación de «extraordinaria placidez». Sin embargo, todo el mundo sabe que el Reino de España sigue ostentando el vergonzoso record de ser el segundo país con mayor número de fosas de desaparecidos forzosos, después de Camboya.
Crímenes franquistas de lesa humanidad que no prescriben y que, pese a ello, continúan impunes, parapetados tras la falsa ley de amnistía de 1977. Una ley de punto final, de impronta franquista, que mantuvo expulsados del ejército a nuestros compañeros de la Unión Militar Democrática (UMD); compañeros que habían sido detenidos, procesados en consejo de guerra y condenados a largos años de prisión por la dictadura, e incluso a posteriori por esta “democracia”, como fue el caso de José Ignacio Domínguez, piloto de reactores, actualmente Vicepresidente del Foro Milicia y Democracia (FMD).
Por si no bastase, el citado exministro del Interior en tiempos de Aznar, “demócrata” sobrevenido, volvió a la carga el pasado 22 de junio en el programa El Cascabel, de 13TV, la cadena de los obispos españoles. Una cadena desde donde se adoctrina desde el más rancio conservadurismo, lanzando anatemas un día sí y otro también contra todo lo que ellos consideran contrario a sus dogmas medievales. Una actitud más propia de un Tribunal de la Inquisición que de una iglesia que se pretenda cristiana, es decir seguidora de la doctrina de Cristo.
Arremete el Sr. Oreja contra la ley de eutanasia, con el pretexto de que atenta contra la vida, lo que no es cierto, pues tan solo facilita una muerte digna a las personas con una enfermedad grave e incurable que, padeciendo un sufrimiento constante e intolerable, podrán solicitar ayuda médica para morir. El horror de un encarnizamiento terapéutico, que prolongue sufrimientos innecesarios más allá de lo soportable, no es una alternativa aceptable, por inhumana.
La muerte digna es algo que las élites económicas siempre han podido comprarse, sin impedimentos eclesiásticos, al igual que en su día la interrupción del embarazo en clínicas de lujo, fuera del territorio nacional. Lo que para el pueblo llano nunca fue accesible por evidentes razones económicas. Por tanto, un clasista “derecho” al aborto y a la muerte digna, previo pago. En cuestiones de moral la Iglesia Católica siempre ha sido muy comprensiva con los que más tienen.
Si embargo, el Sr. Oreja, con su característico tono sosegado y presuntuoso, desveló dos asuntos importantes, magistralmente analizados en conversación privada con mi amiga Enriqueta de la Cruz, una excelente periodista y escritora, cuya parte esencial de su análisis está integrada en el presente artículo.
En síntesis, de la intervención del Sr. Oreja puede inferirse el siguiente mensaje:
1/ Las evidentes contradicciones del Rey Felipe VI, en lo que atañe a Catalunya; por tanto dejando entrever a SM que no lo van a dejar que siga pasteleando con el enemigo para salvar su corona.
En realidad sabemos que optó el 3 de octubre de 2017 por el garrotazo y tentetieso, lo que no es compatible con los requerimientos europeos de Derechos Humanos.
2/ Que los manifestantes de Colón no son ya la mayoría en el país, aunque son muchos, dijo, por lo que proyectan crear una “alternativa” a espaldas de la mayoría social.
El pretexto delirante para tal “alternativa”, en el que pretenden escudarse, es la surrealista fantasía de un inexistente frente popular social comunista. Algo que el Sr. Oreja y sus afines saben que es falso, pues no se vislumbra por sitio alguno conspiradores judeo-masónicos, y menos aún bolcheviques llamando a las barricadas o a la insurrección armada.
Se trata, por tanto, de una derecha de rancio abolengo, que sabe que va perdiendo, arrastrando en su caída a la monarquía, a la que seguirá usando; y viceversa, pues se necesitan y están condenados a perecer juntos en esta etapa.

En fin, que comprenden que tienen una vía de agua, es decir una brecha en el casco del barco, e intentan ganar tiempo achicando la inundación, aterrados al observar como el nivel del agua sube, derribando mamparos, amenazando con inundarlo todo.

Saben que no les queda más baza que una movilización de pataleo, pues cuanto más alardean más incapaces se muestran para reflotar su buque insignia, que no es otro que el franquismo y sus instituciones mutantes. El mundo está cambiando y eso tendrá sus consecuencias geoestratégicas. Así que menos lobos.

La desgracia es que no hay una alternativa que vaya a dar satisfacción a la mayoría de los pueblos de España porque a la crisis institucional se suma ya de plano la social-económica. No se está articulando bien la inclusión de las necesidades del conjunto más numeroso, ni tampoco a los jóvenes. Se están vendiendo los cimientos sanitarios, educacionales y básicos a esos mismos señores del Sr. Oreja, y eso traerá malas consecuencias.

——————————–

Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada, miembro de la UMD y del Colectivo Anemoi. Presidente Federal de Unidad Cívica por la República.


La crísis del Estado

La crisis del Estado

Por Manuel Ruiz Robles

Mejor que crear afectos es crear intereses
Jacinto Benavente (1866-1954)

Frente a la reacción ultraconservadora, que emerge con fuerza desde la trastienda del régimen del 78, es necesario contraponer una alianza que, por su entidad político-social, represente con fuerza los valores de la democracia y del progreso.

Se trata de articular en la práctica un amplio conglomerado de fuerzas políticas y sociales democráticas que, conscientes de la gravedad del momento, actúen con voluntad estratégica, cerrando el paso de forma eficaz a las fuerzas reaccionarias, encarnadas por un franquismo monárquico, que estaba latente -aunque muy visible, para quien quisiera ver- en los aparatos del Estado y en la sociedad.

La inmodélica transición, reforma de la dictadura franquista, sirvió al pasado, es decir a mantener el statu quo; no al futuro democrático deseado, por el que tantos compatriotas lucharon desde una infinidad de organizaciones clandestinas; en mi caso desde la Unión Militar Democrática (UMD), junto a mis compañeros.

La ruptura democrática, la que el pueblo trabajador en su conjunto y los pueblos del Estado reclamaban, por la que tantos demócratas pelearon y murieron, torturados en las mazmorras franquistas, asesinados mediante garrote vil, frente a un pelotón de ejecución o a manos de bandas paramilitares, fue finalmente relegada en beneficio de las oligarquías de los partidos. Muchos cuadros dirigentes ansiaban compartir, junto al poder franquista establecido, las prebendas y oropeles de la Administración del Estado.

Por ello apoyaron la llamada ley de Amnistía, en realidad una ley de punto final en la que se amnistiaron los crímenes del franquismo, muchos imprescriptibles por ser de lesa humanidad, quedando excluidos los compañeros dirigentes de la UMD, que fueron detenidos, procesados, condenados a largos años de prisión y expulsados de las Fuerzas Armadas.

En uno de mis artículos, publicado en Diario16, un diario de gran tirada nacional de la época, criticaba la falsa ley de amnistía. Lo hice en defensa de la democracia y de nuestros compañeros, injustamente condenados. Afirmaba que aquella ley introducía desequilibrios fundamentales en los cimientos de esta democracia. Me costó el correspondiente arresto y fui citado por un juzgado militar, siendo finalmente estampada una nota desfavorable en mi hoja de hechos; lo que perjudicó seriamente mis posibilidades de carrera. Por el contrario, militares fascistas implicados de una forma u otra en el golpe del 23-F fueron indultados e incluso llegaron al generalato.

Sus efectos sobre la naciente democracia fueron demoledores. Nuestro compañero José Ignacio Domínguez, a la sazón capitán de reactores y portavoz de la UMD en el exilio, actualmente Teniente Coronel de Aviación y Vicepresidente del Foro Milicia y Democracia, lo ha expresado rotundamente en pocas palabras:

En términos militares esto fue lo sucedido durante la Transición: estábamos todos en la misma trinchera defendiendo las libertades democráticas, UMD, PSOE, PCE, CDC, etc. Ellos se pasaron al enemigo y nos dejaron solos frente a los generales franquistas que se cebaron en nosotros.

La llamada transición, mediante una ley de reforma de la dictadura, cambió formalmente el tinglado franquista, sin tocar lo esencial del statu quo: el poder económico, que dominaba el entramado político de la dictadura y sigue dominando el de la monarquía parlamentaria, militarista y escasamente democrática. Un sistema político, corrompido hasta los tuétanos, que ha devenido en la vieja alianza entre el trono y el altar, cimentada sobre los poderes de un capitalismo depredador, sin patria ni dios, inmolados en el altar del dólar neoliberal, a mayor gloria del imperio.

En la llamada transición se mantuvo la bandera monárquica bicolor -la del golpe militar, el genocidio y la dictadura- se consolidó la reinstauración del Rey Borbón, ultimo jefe de la dictadura, blindándolo frente a la Justicia mediante una inviolabilidad absoluta, y se privilegió constitucionalmente al poder del clero, manteniendo un estado cuasi teocrático, en donde la Iglesia Católica tiene un derecho de saqueo legal; entre otras vías mediante el IRPF, exención del IBI, inmatriculación de bienes comunales o el mantenimiento, con cargo a las arcas públicas, de un patrimonio descomunal.

El poder del clero español no tiene parangón con ninguna de las democracias de nuestro entorno. Es un poder de hecho que contribuyó decisivamente a consolidar la dictadura desde su inicio, y actualmente sirve de sostén a una monarquía corrupta, apoyada no solo en sus generales monárquicos, algunos de los cuales militan en partidos de ultraderecha, sino también apoyada en el clero castrense, que, junto a la justicia militar, contribuye a perpetuar la ideología franquista en las filas del ejército.

Lo hace impunemente, desde los púlpitos de las iglesias y desde las aulas del todopoderoso negocio de la enseñanza privada, que tiende en nuestros días a fagocitar la enseñanza pública, en detrimento de la igualdad de oportunidades para el pueblo trabajador. Si bien es cierto que hoy en día ha cedido espacio a otros opiáceos, como lo son el futbol, las diferentes ludopatías o los programas basura, suministrados en grandes dosis desde los grandes medos de alienación de masas.

En estos momentos cruciales, en donde empieza a barruntarse una potente involución ultraconservadora, de consecuencias catastróficas para el pueblo trabajador, es cada vez más patente que el único camino potencialmente transitable es el de la República, ya sea federal o confederal. No queda, pues, otra salida democrática que desmontar lo más rápidamente posible el tinglado monárquico, que constituye la superestructura de la involución en marcha. Por tanto, es necesario impulsar decididamente una amplia alianza, que le reste apoyos. Es decir, la consolidación de una alianza transversal progresista, de carácter estratégico plurinacional, que contribuya a debilitar la evidente amenaza de regresión, visualizada por la foto de Colón, pero no solo.

Queda por dilucidar hacia qué tipo de República avanzar. En primer lugar tanteando si es aún posible un pacto en torno a una republica federal o, por el contrario, ya solo sería posible una República confederal, dado el grave deterioro que el gobierno del PP y el rey Felipe VI han provocado en las relaciones con el Govern de la Generalitat de Catalunya, representante legítimo del pueblo catalán.

Para explicar con palabras sencillas las diferencias entre ambas formas de República, resumo a continuación un sencillo ejemplo, explicado recientemente por Iñaki Anasagasti (PNV) en una entrevista.

El estado unitario, es una manzana; el estado federal, una naranja; el estado confederal, un racimo de uvas. La manzana es homogénea, ella misma es el estado; la naranja está compuesta por gajos, los estados federados, recubiertos a su vez por una corteza, que es el estado federal; el racimo está compuesto de uvas, los estados confederados, unidos por su tallo al racimo, que es el estado confederal.

Dejemos aquí el ejemplo, sin más precisiones, salvo añadir que el brillante exparlamentario vasco tan solo mencionó la forma de estado, no su esencia; es decir, no mencionó el contenido de clase del estado, de cualquier estado.

Solo así, desde una perspectiva de clase, puede entenderse cómo es posible que mientras los reyes de España y de Marruecos, y sus respectivas oligarquías asociadas, mantienen y acrecientan sus intereses privados -a veces inconfesables-, enfrenten sin embargo a sus pueblos mediante operaciones de desestabilización, cuyo resultado incierto puede llegar a ser letal y contrario a los intereses de sus poblaciones.

Un indicio evidente de intereses inconfesables lo fue la traición perpetrada por el Rey Juan Carlos, huido a los Emiratos Árabes hace cerca de un año, cuando, movido por sus intereses particulares, abandonó a su suerte al pueblo saharaui tras la famosa marcha verde. Un pueblo que tenia nacionalidad española, al igual que hoy la tienen nuestros compatriotas de la Autonomía de Canarias, o de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

No solo se perdió cobardemente un territorio estratégico, sino también la confianza del pueblo saharaui, ambos retaguardia clave para la defensa de las Islas Canarias. Solo su descolonización, amparada por Naciones Unidas y apoyada por el Estado español, puede devolver la paz a esos territorios; también el aprecio y la confianza imprescindibles del pueblo saharaui, un pueblo hermano.

El Gobierno de coalición progresista nos abrirá el futuro solo si tiene éxito en esta legislatura, lo cual está fuertemente condicionado a que el pueblo trabajador en su conjunto -y los pueblos del Estado autonómico, que están escaldados por una transición tramposa- lo perciban como su gobierno, un gobierno verdaderamente efectivo, es decir un gobierno del pueblo y para el pueblo, sin trampa ni cartón. Son, pues, tiempos de combate por un futuro más digno.

Apoyemos al Gobierno de coalición progresista, sí, pero exijámosle al mismo tiempo que avance resueltamente junto al pueblo trabajador y al conjunto de los pueblos del Estado, que ansían el derecho a decidir. El centralismo depredador, que alimenta un nacionalismo españolista exacerbado, es la fuente más perniciosa de desunión y de conflictos.

Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada, miembro de la UMD y del Colectivo Anemoi. Presidente Federal de Unidad Cívica por la República.


Enlaces de interés:

El sátrapa marroquí y Pablo Casado. Por José Ignacio Domínguez
https://www.miliciaydemocracia.org/la-crisis-del-estado/

¿Y si el problema fuera Madrid? Por Iñaki Anasagasti
https://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2021/03/y-si-el-problema-fuera-madrid.html