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Francia sancionará, incluyendo expulsiones, a los militares en activo que firmaron un manifiesto ultraderechista (mientras España, y Margarita Robles, sigue protegiendo a la ultraderecha militar)

Francia ha anunciado que procesará y sancionará, incluyendo expulsiones, a los militares en activo firmantes de un manifiesto ultraderechista.

Alemania ha expulsado en los últimos años a varios centenares de militares e incluso ha disuelto unidades de élite por el problema de la ultraderecha militar.

Mientras tanto, en España se niega la existencia de cualquier problema con la ultraderecha militar, aun cuando en los últimos veinte años se han producido más de medio centenar de escándalos ultraderechistas, y el único expulsado ha sido un militar demócrata tras firmar un manifiesto antifranquista.

Margarita Robles, ministra de Defensa.

Francia, como Alemania en los últimos años, se mostrará inflexible con aquellos militares, incluyendo altos mandos como generales, que se han adherido públicamente a las tesis de la extrema derecha mediante un manifiesto publicado el pasado 21 de abril en la revista ultraderechista Valeurs Actualles, en el que se advertía del peligro creciente de una guerra civil y se responsabilizaba de ello a los migrantes, especialmente a los islamistas: “Mañana la guerra civil pondrá fin a este caos creciente, y las muertes, de las que usted será responsable, se contarán por miles”. Un manifiesto que ha sido jaleado por Marine Le Pen, la cual ha invitado a los firmantes a participar de las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en 2022, y que fue publicado en el sexagésimo aniversario del Golpe o ‘Putsch de Argel’, perpetrado en 1961 cuando cuatro generales intentaron un golpe contra el general De Gaulle.

La ultraderecha militar en Francia y en España, diferentes

Según el diario francés Libération, el apoyo de la extrema derecha en las fuerzas policiales y militares osciló entre el 30% y el 55% desde 2012 a la actualidad, lo que supone una disonancia con respecto a la sociedad francesa, ya que en las elecciones europeas de 2019, aunque fueron ganadas por Marine Le Pen, sus resultados, un 23,31%, quedaron bastante alejados del porcentaje de apoyo sugerido entre policías y militares. Una discordancia, en cualquier caso, menor que la acaecida en España, donde más de un 75% de las secciones electorales en las que se encuentran acuartelamientos o recintos militares ofrecen resultados electorales de Vox por encima de su media provincial, cuando esta formación se sitúa en tercer lugar, tras el PSOE y el PP con resultados electorales que rondan el 15% –El Ejército de Vox–.

Más allá de si la problemática es mayor o menor en España que en Francia o Alemania, resulta imprescindible señalar las dos principales diferencias entre el problema español y el francés –y también el alemán–. En primer lugar, la composición de los firmantes en el caso del manifiesto ultraderechista francés, aunque en número se asemeja, algo más de un millar, resulta más heterogénea y plural, pues si bien en el caso francés nos encontramos con escasos altos mandos, escasamente una veintena entre más de mil, los manifiestos firmados en España lo son de forma abrumadoramente mayoritaria por altos mandos militares, incluyendo tenientes generales, generales de división y de brigada, coroneles y tenientes coroneles. Es decir, se trata de personas que han ocupado cargos de gran responsabilidad en las últimas décadas, lo que permite suponer que el problema en el Ejército francés se encuentra jerárquicamente más disperso o incluso más concentrado en la parte baja de la pirámide, mientras que en España la situación es completamente opuesta: la ultraderecha domina la cúpula militar, que ha sido responsable, promotora y protectora de la mayoría de las manifestaciones ultraderechistas.

Lo que nos lleva a la segunda cuestión, derivada de la anterior, pues la posición de las autoridades y altos mandos militares franceses, que han sancionado a una treintena de militares en los últimos años relacionados con la ultraderecha, o del Gobierno alemán y de la cúpula militar germana, que en el último lustro ha expulsado a varios centenares de militares e incluso ha disuelto unidades de élite por su relación de la ultraderecha, es diametralmente opuesta a la mantenida por la cúpula militar española y por la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Francia promete expulsar a los ultraderechistas mientras Margarita Robles expulsa a los demócratas

Porque si bien la ministra de Defensa francesa, Florence Parly, utilizó términos similares a los empleados de Margarita Robles, alegando que los militares firmantes “solo se representan a sí mismos” por no formar parte del Ejército francés, ello no se trató en ningún caso de un intento de minimizar ni ocultar el problema, ni mucho menos una forma de proteger a los firmantes, sino de un intento de evitar que Marine Le Pen pudiera obtener beneficio por la polémica o que se apropiara indebidamente en público de los cuerpos policiales y militares.

De hecho, varios miembros del Gobierno francés, como la ministra de Industria, Agnès Pannier-Runacher, condenaron abiertamente el manifiesto y el jefe de Estado Mayor de la Defensa, François Lecointre, a diferencia de la cúpula militar española, prometió una respuesta contundente contra los firmantes –aunque la mayoría de ellos están retirados, los que todavía se encuentran en activo, un total de dieciocho, recibirán una dura sanción, la cual, además, será graduada en función del rango, de tal forma que aquellos que cuenten con más galones recibirán las mayores sanciones, que se presumen serán expulsiones–.

Y es que el máximo jefe militar francés anunció que los generales serían procesados por un organismo militar tras el cual el presidente de la República, Emmanuel Macron, firmaría las expulsiones. Una posición incomparable tanto con la del anterior JEMAD, Miguel Ángel Villarroya, dimitido por violar los protocolos de vacunación para inmunizarse el primero junto a otros muchos altos mandos militares, como con la del jefe de Estado español, Felipe VI, que no solo no firmó expulsión alguna de militares ultras, como hará Emmanuel Macron, sino que ni tan siquiera se dignó a responder públicamente, no ya el mencionado desafío, sino ninguna de las múltiples manifestaciones ultraderechistas de los altos mandos militares españoles en las últimas décadas, incluyendo la conversación en chat desvelada en mi cuenta de Twitter en la que se charlaba distendidamente sobre fusilar a 26 millones de españoles –en El Ejército de Vox se documentan más de medio centenar de episodios ultraderechistas en el Ejército español en las últimas dos décadas sin que exista respuesta pública de ninguno de los dos monarcas españoles–.

Pero, ante todo, la dureza francesa con las afiliaciones ultraderechistas en el ámbito militar colisiona muy especialmente con las respuestas del actual jefe de Estado Mayor del Ejército, Francisco Varela Salas, y de la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, que decidieron expulsar al cabo Marco Antonio Santos Soto, como represalia por firmar un manifiesto democrático o contra manifiesto a favor del Gobierno y de los valores democráticos y en contra de Franco. Según las resoluciones del JEME, ratificadas por Margarita Robles, consideran contrario a los valores militares firmar un manifiesto democrático con un ‘Salud y República’, por lo que se solicitó una investigación a la Guardia Civil de las redes sociales del militar demócrata que terminó en expulsión.

España, un histórico paraíso para la ultraderecha militar

Sin embargo, lo más preocupante del problema español radica en la reiterada e histórica impunidad de la ultraderecha militar. Valga como ejemplo que el teniente general Mena, al mando de más de 40.000 militares y en un acto público, solo fue sancionado con unos días de arresto cuando amenazó en el año 2006 con un movimiento golpista por la negociación del Estatut de Catalunya; el general Juan Chicharro, hoy al frente de la Fundación Nacional Francisco Franco y antaño ayudante del rey Juan Carlos, fue exonerado en 2013 de unas manifestaciones golpistas en las que aseveraba que “la patria vale más que la democracia”; los componentes de una célula neonazi identificada por una asociación militar que remitió un informe a Margarita Robles no fueron ni siquiera investigados; los participantes de una fiesta militar en la que se cantaron canciones neonazis con el brazo en alto solo recibieron sanciones leves; o los cinco militares en la reserva firmantes del manifiesto contra la exhumación del cadáver de Franco no es que no fueran expulsados, como el cabo demócrata, es que ni siquiera se contempló. Una posición española muy contraria a la que mantienen tanto la cúpula militar como los gobernantes franceses y alemanes. Porque en los últimos días Angela Merkel se ha posicionado con extrema dureza contra la existencia de la ultraderecha en los Ejércitos, explícitamente en el español.

Desgraciadamente, al contrario que en Alemania o Francia, España es un país en el que la ultraderecha se encuentra en las estructuras más altas de la sociedad civil y militar desde que hace casi un siglo derrocaran la democracia junto a nazis y fascistas.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el preodominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).