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La insoportable exhibición ultraderechista española: estatua de la Legión, decisiones judiciales ultras, calles filonazis…

España, y por supuesto Madrid, exaltan y exhiben el fascismo con una impudicia que hoy, en el año 2021, en pleno siglo XXI, resulta tan aberrante como insoportable. Un cascada de obscenidades ultraderechistas en ámbitos políticos, militares o judiciales que se viven con una alarmante normalidad a todos los niveles –político, mediático, social, académico, cultural…–.

Para comprender la magnitud de la última sinrazón ultraderechista, la estatua a la Legión en Madrid, bastaría con pensar que sería algo así como si alguien plantara mañana una estatua a las SS en mitad de Berlín. Una blasfemia democrática que no entraría en la cabeza de ningún alemán que no fuera un ultraderechista, un trastornado o ambas. Sin embargo, lo que en Berlín es de ultras y trastornados, en Madrid es de la mayoría, la misma que ha votado en masa al Partido Popular en las últimas elecciones del pasado mes de mayo. Una mayoría que olvidó que Isabel Díaz Ayuso, como José Luis Martínez Almeida, forma parte, no ya de una organización que se comporta como criminal según una resolución judicial, sino de un partido fundado sobre una amalgama de partidos y familias franquistas.

No obstante, la estatua de la Legión no constituye un insólito episodio circunscrito a un partido político de orígen franquista, sino que nos encontramos ante una avalancha ultraderechista que afecta a casi todo el país. Baste señalar la decisión del Tribunal Supremo de considerar inaceptables los indultos a los presos políticos catalanes por poner urnas, cuando en el pasado consideró recomendable indultar a los que habían torturado, secuestrado, violado y asesinado o a los que entraron en el Congreso de los Diputados el 23F para intentar dar un golpe de Estado.

Una decisión, esta última, la de considerar el indulto a Tejero y a los golpistas del 23F como adecuado que constituye, como el blanqueamiento del Terrorismo de Estado del PSOE de Felipe González, una inaceptable trivialización de una intentona golpista que, muy probablemente, habría pasado por una solución a la turca, porque entonces se solucionaban así las cosas.

Lo de Tejero no fue una broma

Para contextualizar a Tejero y a los suyos. En Turquía, seis meses antes del 23F de febrero de 1981, el 12 de septiembre de 1980, Kenan Evren perpetró un golpe de Estado que tumbó el gobierno democrático de Suleimán Demirel. Tras el golpe se detuvieron a 650.000 personas, más de un millón y medio fueron catalogadas como criminales en potencia, se ejecutaron a siete mil personas, se condenaron a medio millar a cadena perpetua y tres centenares murieron en prisión: fueron ejecutados medio centenar de presos, incluyendo un menor de 16 años, más de 40 se suicidaron y más de un centenar falleció en distintos altercados, incluyendo 16 presos mientras se fugaban. Esto es, ni más ni menos, lo que los magistrados del Tribunal Supremo consideraron en los años noventa que convenía olvidar. Un olvido que sitúa a España muy por debajo del nivel de Turquía, lo que ya es decir, porque la Justicia turca condenó a cadena perpetua a Kenan Evren en el año 2014, mientras que España, no es que se haya olvidado de Tejero y de tantos otros o no haya condenado a Franco y el franquismo, aunque sea a nivel político, es que reina la familia impuesta por el dictador.

España, un país para olvidar

España es un país de olvidos y de olvidados, es un país para el olvido que en los últimos días también ha conocido la resolución contraria del Consejo General del Poder Judicial a prohibir la exaltación del franquismo o la restitución por parte de los tribunales madrileños –el TSJM– del nombre de la calle Caídos de la División Azul. Como si el nazismo no hubiera estado íntimamente ligado al franquismo, como si la Alemania Nazi no hubiera sido esencial en el triunfo de la dictadura frente a la democracia en España. En el triunfo de la barbaridad y la muerte frente a la inteligencia y la pluralidad. Como si el nazismo no fuera por sí mismo reprobable para cualquier persona decente, como si las exaltaciones ultras análogas no estuvieran prohibidas en gran parte de Europa, como en Alemania o en Italia.

Decisiones que afectan a todos los juzgados españoles y que llevan décadas acumulándose unas a otras, como ocurrió en el caso de los asaltantes a la librería Blanquerna. Un caso en el que los ultraderechistas obtuvieron amparo del Tribunal Constitucional, el mismo que solo tiene a bien considerar relevante menos de un 3% de las solicitudes de amparo que recibe anualmente. Y es que en la España del fascismo y del olvido interesado la moneda parece caer siempre del mismo lado, ya sea en el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, el TSJM o el Consejo General del Poder Judicial. Y es que por señalar, en España quedan todos señalados.

Cuando digo todos, digo todos, y no me refiero solo a los tribunales, porque esto no va solo de los juzgados españoles y madrileños o del PP, el partido de familias franquistas, sino que también afecta al PSOE, pues la ministra de Defensa, Margarita Robles afirmó que “la Legión representa lo mejor de la historia de España” y sin ella “no se puede entender el mundo libre, nuestra Europa”. Y es que fue el PSOE el que liberó golpistas, el que ascendió a golpistas a general, el que justificó torturar y asesinar ciudadanos, el que expulsa a demócratas de las Fuerzas Armadas y el que, en última instancia, siempre soporta el régimen.

La Legión olvidada

La legión fue fundada por Millán Astray y por Francisco Franco, que fue uno de sus primeros comandantes, en cuyo honor todavía hoy una bandera sigue llevando su nombre: Comandante Franco. Es decir, una unidad del actual Ejército español cuyo jefe es Felipe VI rinde honor al dictador cuando éste era comandante, como si en Alemania una unidad militar rindiera honor al Cabo Hitler.

Desgraciadamente, la Legión no solo arrastra masacres durante la Guerra de España entre 1936 y 1939 como la de Badajoz, en la que asesinaron, violaron, torturaron e incluso mutilaron, sino que durante la Guerra del Rif tuvieron por costumbre decapitar y ensartar las cabezas y en 1934 participaron de la represión en Asturias, en la que asesinaron, en ocasiones de forma cruel, a los participantes del levantamiento, incluyendo socialistas y sindicalistas del PSOE de Margarita Robles. También mujeres y niños, todo un clásico en el credo legionario. Unos dos mil asturianos fueron asesinados, de ellos más de una quinta parte de forma brutal, lo que supuso el traslado de las prácticas militares coloniales de la Legión al resto del Ejército español. Y es que la Legión a la que homenajean Margarita Robles, Felipe VI y José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid, y a la que homenajean España y Madrid fue la inspiración de la bestialidad militar del bando fascista.

A pesar de lo gravoso de lo ya relatado, el historial legionario posterior a la guerra de España no parece en absoluto más decente. Durante la dictadura, la Legión fue un antro de corrupción, drogas y prostitución y un infame refugio para nazis. Ya en tiempos más recientes, participó de execrables torturas en Irak y, también, según denunció un antiguo militar, incluso de crímenes de guerra –disparar en una boda contra civiles–. Por si fuera poco, la Legión también ha sido acusada en múltiples ocasiones de violencia contra la mujer en casi todas sus formas y en los últimos años cuenta con un crimen que pretendió ser ocultado estructuralmente. El 25 de agosto de 2019 un legionario perdió la vida en unas maniobras en Alicante y lo que inicialmente parecía una bala perdida ha terminado constituyendo un claro ejemplo de corrupción y degeneración del Ejército español.

Llámenme loco, pero, analizando los hechos, España está loca. Loca de fascismo.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el predominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).