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Por qué la entrevista de Jordi Évole a un neonazi arrepentido es desinformación

La entrevista de Jordi Évole a un neonazi arrepentido se convirtió en un enorme ejercicio de desinformación por múltiples motivos, pero el principal radica en la carencia del telespectador de voces e historias que le hubieran podido contextualizar, matizar y cuestionar la versión ofrecida por el neonazi arrepentido. Voces e historias que Évole, La Sexta y muchos otros han silenciado o minimizado.

De alguna forma, los telespectadores se han enfrentado al protagonista de la entrevista con la misma desnudez que la que este contempló por primera vez a Hitler, cuando era solo un adolescente, en un documental que estaba visionando su padre. Igual que al neonazi arrepentido la educación española no le proporcionó las herramientas necesarias para contextualizar aquella tétrica figura histórica, a los telespectadores no se les ha proporcionado los elementos necesarios para poder criticar objetivamente las incoherencias y debilidades del mensaje emitido. He ahí la desinformación manifiesta.

Neonazi arrepentido, suboficial del Ejército español

Ha pasado casi inadvertido, como si fuera un asunto menor, que el protagonista de un reportaje sobre un neonazi arrepentido sea un suboficial del Ejército español, un mando militar, pero no es ni mucho menos baladí. De nuevo, el Ejército español asociado a la ultraderecha, en este caso, a la más extrema, como en no pocas ocasiones, incluidos asesinatos y violaciones. Tampoco se puede ocultar que Vox, la ultraderecha actual, ha sido la formación política que cuenta con más neonazis y militares, especialmente históricos.

Tatuajes nazis

Tal y como se pudo comprobar en la entrevista, el protagonista es un militar español con un gigantesco tatuaje de Rudolf Hess en la espalda y con tatuajes de generales nazis en el brazo. Tatuajes que consiguió minimizar, tal y como él mismo asevera, alegando que el tatuaje de Rudolf Hess “era de su abuelo” o que los generales nazis eran militares condecorados y que por ello se los había tatuado. Esta última excusa encaja a la perfección con la ofrecida en multitud de ocasiones por militares ultraderechistas y por el propio Ejército español para justificar la apología de la figura de Francisco Franco en los cuarteles: ‘Era un buen militar’.

Sin embargo, siendo honestos, una simple y breve visión de los tatuajes corporales resulta suficiente para comprobar la indudable adscripción a la ideología nazi, una adhesión que en el Bundeswehr, el Ejército alemán, habría supuesto su expulsión inmediata como de hecho han padecido varios centenares de militares en el último lustro, mientras que en el Ejército español no solo no provocó grandes problemas, sino que él mismo afirma que consideró al Ejército español como un refugio en el que poder gozar de una estabilidad para continuar con sus actividades extremistas: “¿Cómo puedo hacer para tener vivienda gratuita, dinero y poder continuar con mis actividades? Muy fácil, el Ejército”. En España el ejército es un refugio para todo tipo de ultraderechistas, en Alemania es una trampa.

La cuestión de los tatuajes, además, entronca directamente con un episodio personal que viví cuando fui encerrado en el centro disciplinario de Colmenar Viejo, a finales de 2014, y coincidí con tres mandos militares, dos suboficiales y un teniente coronel. Los tres eran ultraderechistas. Curiosamente, uno de los sargentos llevaba tatuada un Águila de San Juan en la pierna, mientras que el teniente coronel escribía en la Fundación Francisco Franco. Hoy, los tres siguen en el Ejército, yo no, aun cuando el teniente coronel siguió escribiendo y siguió siendo sancionado, pero nadie se planteó expulsarles.

Más allá de la facilidad con la que los militares españoles exhiben tatuajes ultraderechistas, convendría señalar otro elemento que ha servido para añadir confusión, ya que, aun siendo los tres militares con los que compartí encierro ultraderechistas ninguno de los tres era nazi, o al menos ninguno mostró evidencias de ello. Es decir todos los nazis son ultraderechistas, pero no todos los ultraderechistas son nazis, porque el nazismo en España es una forma exótica y extrema de ultraderecha. Por tanto, aun cuando fuera cierto que se persiguen nazis en el Ejército español, que no lo es, ello no significaría que se estuviera persiguiendo ultraderechistas.

Persecución

Si analizamos la entrevista se puede comprobar que el neonazi arrepentido participó como apoyo del asalto a la librería Blanquerna perpetrado el 11 de septiembre de 2013 sin que el CNI ni los servicios de inteligencia militares le detectaran. O quisieran detectarle. Porque ello, no detectarle, se muestra como un imposible a tenor de la exhibición nazi de su cuerpo. Y en esas fechas el protagonista ya llevaba muchos años siendo militar. ¿A qué se podía dedicar un militar con semejantes tatuajes?

De nuevo, en base al testimonio del arrepentido, podemos comprobar que no fue hasta que llegó a Córdoba, en 2016, tres años después del asalto a Blanquerna y una década, o más, después de su ingreso en el Ejército español, cuando comenzó a ser perseguido. Una persecución que coincide temporalmente con la radicalización, todavía más, de sus posiciones hasta el punto de plantearse perpetrar atentados. Esto es importante porque demuestra que el neonazi arrepentido no fue perseguido por ser neonazi, sino que fue fiscalizado por extremar sus posiciones hasta el punto de plantearse perpetrar un atentado. Se le persiguió por convertirse en radical entre los radicales, no por ser neonazi, lo que ya de por sí se sitúa en lo extremo de la ultraderecha –el propio neonazi aseveró que consideraban a Vox o Le Pen “del sistema”–.

Otra afirmación que refuerza esta tesis la encontramos cuando, tras la apertura del expediente, afirma que “me dejaron tranquilo porque ya no me consideraron peligroso”. Es decir, un neonazi puede vivir con tranquilidad en el Ejército español siempre que no se plantee perpetrar un atentado, de hecho él mismo afirma que se estuvo afiliado durante años a un partido político extremista, Alianza Nacional, sin que los servicios de inteligencia le detectaran o quisieran detectarle, aun cuando también era militar.

Otro elemento que resulta ilustrativo lo encontramos en la composición del grupo de nueve extremistas de extremistas de lo extremo, es decir de nazis radicales dispuestos a atentar: un tercio eran militares –dos militares y un guardia civil–. Obviamente, estos colectivos no suman un tercio de la población.

Una gran mentira o una gran falta de perspectiva

Sin embargo, lo más grave de la entrevista se produce cuando el neonazi arrepentido afirma que la persecución que sufrió en el Ejército la evaluaría “con un 10” entre 1 y 10 o cuando asevera que sufrió un expediente que caducó a los seis meses porque su abogado era muy conocedor de la normativa militar. Expediente que ya he advertido que se abrió en el momento en el que se planteó perpetrar la “lucha armada”. Expediente por el que entiende que fue perseguido.

Esta afirmación es radicalmente falsa, ya sea por falta de perspectiva o por cualquier otra cuestión, debo reseñar que entre el año 2014 y 2015 yo fui expedientado para ser expulsado y mis expedientes superaron los seis meses: mi expediente de expulsión comenzó en octubre de 2014 y finalizó en junio de 2015. Además, fui arrestado en tres ocasiones por un total de 139 días, que habrían sido 150 de no modificarse en 2015 el Régimen Disciplinario Militar, uno de ellos de forma preventiva, y fui cesado en el destino. Ninguna de estas medidas fue implementada al neonazi.

Pero, sobre todo, esta afirmación es falaz porque los expedientes militares carecen de las suficientes garantías legales como para que puedan ser retrasados a voluntad del encausado, siendo, además, inmediatamente ejecutivos. Es decir, aun cuando no son firmes las resoluciones, las sanciones militares son inmediatas. Si hubieran querido expulsar al neonazi, le habrían expulsado, aun con defectos de forma, y habría tenido que reclamar por vías judiciales su reincorporación. Exactamente lo que le está sucediendo en la actualidad al cabo Marco Antonio Santos como represalia por firmar un manifiesto antifranquista y lo que me sucedió a mí en el pasado –después de más de siete años, todavía estoy en tribunales europeos–.

Por concretar, si el expediente que sufrió el hoy neonazi arrepentido “caducó” fue porque los mandos quisieron y permitieron que caducara. Por ello, considerar que fue «perseguido» por impedir su participación en misiones militares cuando se estaba planteando perpetrar un atentado resulta grotesco, tanto como que le dejaran tranquilo cuando sintieron “que ya no era peligroso”. En Alemania o en Francia no persiguen nazis, los expulsan.

La gran desinformación

Desgraciadamente, la gran desinformación de Jordi Évole, de La Sexta o de otros medios de comunicación, tipo Eldiario, El País o Infolibre, el gran problema en definitiva de este programa, es que esta información es recibida por un ciudadano que no puede contextualizar lo que relató el neonazi arrepentido. Y no puede porque no sabe que Marco Antonio Santos Soto ha sido expulsado como represalia por haber firmado un manifiesto antifranquista tras una investigación en las redes sociales por la Guardia Civil. Una expulsión que, además, se produce solo tres meses antes de pasar el cabo Santos a la reserva. Es decir ni siquiera le expulsaron para que abandonara el Ejército español porque ya se iba, le expulsaron como venganza para dejarle sin la paga que le correspondía como militar reservista tras más de veinte años de servicio. Y le expulsaron con la complicidad inicial de Margarita Robles y con su rúbrica posterior, pues es ella la autoridad que ratifica la expulsión.

Resulta evidente que si los ciudadanos no conocen su expulsión es porque Jordi Évole no le ha entrevistado ni ninguno de los medios anteriores ha informado sobre ella –salvo El País de forma marginal sin relacionarla con Margarita Robles o Eldiario, medio que dejó de informar sobre su caso después de la llegada del PSOE al gobierno–. Y no conocen su historia porque desnuda al PSOE, a Margarita Robles, al Ejército español, a La Sexta y a tantos medios que se autoproclaman progresistas. Un desconocimiento que, en última instancia, transforma la entrevista de Jordi Évole en un brutal ejercicio de desinformación y es que entrevistar a un militar demócrata expulsado por Margarita Robles desmonta el sistema, mientras que entrevistar a un militar neonazi arrepentido lo apuntala. Más periodismo. Periodismo a pesar de todo. Más de lo mismo.


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Luis Gonzalo Segura fue militar del Ejército español durante trece años hasta que fue expulsado por denunciar en una novela y en diferentes actos los privilegios anacrónicos, los abusos, la corrupción y el preodominio ultraderechista de la cúpula militar. Es autor de las novelas Un paso al frente (2014) y Código rojo (2015) y los ensayos El libro negro del Ejército español (2017), En la guarida de la bestia (2019) y El Ejército de Vox (2020).


Colofón: ¿Investigará La Voz de Galicia su noticia falsa y tomará medidas al respecto?

Quisiera reseñar cómo el neonazi arrepentido asevera que el diario La Voz de Galicia convirtió en una vasta organización criminal con vínculos internacionales, tanto ideológicos como económicos, con múltiples actividades delictivas que oscilaron entre la prostitución y las drogas a una decena de chavales extremistas. Creo que semejante desinformación merece que el diario gallego abra una investigación y adopte las correspondientes medidas al respecto, pues son estas desinformaciones la base sobre la que los extremismos se construyen. Y en este aspecto me parece acertada la reflexión del neonazi arrepentido.