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Roberto Macías, candidato a los VI premios Hay Derecho

Formo parte de un reducido grupo de rebeldes, soñadores y perseguidos. Personas idealistas que en algún momento, impulsadas por la fuerza de la verdad, decidieron salir de la clandestinidad para luchar contra la corrupción, los abusos y las injusticias que comenten los poderosos. Sin contemplarlo, nos convertimos en una nueva resistencia social que  salió a defender la transparencia, decencia y honradez en la vida pública. Pues, creemos firmemente que  debemos rescatar la cosa pública de las garras de las mafias que viven de su permanente explotación.

Y por rebelarnos contra este sistema putrefacto y déspota, hemos sido perseguidos como si fuéramos una peligrosa bestia que pone en peligro la paz social. Nos han sometido a un intenso acoso y derribo, solamente por defender por nuestra dignidad, libertad y verdad. Por decir la verdad, hemos sido atropellados sin contemplación por una perversa maquinaria que castiga a las personas que rompen el silencio.

Lo que cuento no es una ensoñación, ni es tampoco un delirio veraniego. Hace unos días, pude comprobar que los alertadores de corrupción, estamos sometidos a una exhaustiva vigilancia, riguroso control y permanente acoso. Vigilan con lupa cada uno de nuestros actos para intentar torpedear cada uno de nuestros proyectos y sueños. Intentan provocar nuestro hundimiento con el objetivo perverso de ahogar nuestras voces en un mar de desesperación y abatimiento.

El escenario es siniestro. Pues, la realidad que enfrentamos es desgarradora.  Debo admitir y reconocer que hay miserables sicarios digitales que buscan la muerte civil del alertador-informante. Asesinos virtuales,  que conspiran para despojarnos de nuestros sueños y alegrías. Las mafias y sus esbirros, amplían sus represalias cada vez que intentamos recomponer nuestra existencia.

Vivimos entre psicópatas que tienen el corazón podrido de odio y venganza. La maldad humana se materializa con las personas que deciden enfrentar el sistema imperante. Intentan despojarnos de todo, para convertirnos en un insignificante saco de huesos. Nos quieren hacer creer que nuestras vidas no valen nada y es mejor quitarse la existencia.

Escribo este texto,  después de haber sido informado que algún servil lacayo, haya intentado reventar mi candidatura en los VI premios que otorga la Fundación Hay Derecho.  Se les va la vida, intentando manchar mi  buen nombre. Pretenden ensuciarlo con dudas y sospechas sobre mi persona.

Ahora, siento míos los versos de Salvador Díaz Mirón: “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡mi plumaje es de esos!”.

Sirvan estas líneas, para invitarles apoyar mi candidatura. Quiero pedirles una vez más su apoyo para seguir recomponiendo mi fragmentada existencia. Su voto no es para alimentar mi ego, es para ganar la partida que tengo con la vida y los pegalagambas.

Les comparto el link, de las votaciones:

https://hayderecho.com/votaciones-premio-hay-derecho-2021/