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Sobre mí

En abril de 2014 decidí dar Un paso al frente para denunciar todo aquello que sucedía habitualmente en el mundo militar y que resultaba desconocido para una gran mayoría de la ciudadanía: acosos, abusos, privilegios anacrónicos, corrupción, predominio de ideologías extremas… Porque, contrariamente a lo que muchos todavía hoy creen, el Ejército español sólo sufrió en los últimos cuarenta años una ligera adecuación estética que le permitiera mantener sus estridencias y extravagancias el mayor tiempo posible.

Por ello, en el Ejército español hay prácticas que, si bien no han quedado completamente erradicadas, sí son marginales, como las agresiones físicas, pero la gran mayoría de malas prácticas perduran de forma casi inalterable en la oscuridad del interior de los cuarteles, donde la ciudadanía ya no accede desde hace dos décadas.

Las denuncias públicas provocaron casi cinco meses de encierro en un centro disciplinario (139 días), una huelga de hambre (22 días), la expulsión de las Fuerzas Armadas, una cariñosa campaña de desprestigio y una interminable cacería jurídica (he sido denunciado por la Guardia Civil, María Dolores de Cospedal y Margarita Robles). Algo que, visto con perspectiva, cada día me resulta más aberrante: que todo esto suceda, que perdiera mi libertad 139 días por orden directa de los mandos militares a los que denuncié sin que un juez ordinario interviniera, sin que los medios de comunicación ofrecieran la cobertura necesaria para generar un gran debate o sin que la sociedad se movilizara para impedirlo refleja la España de 2014, no muy diferente a la de hoy, donde un cabo demócrata ha sido expulsado tras una infame persecución por haber firmado un manifiesto antifranquista. Expulsado ante el silencio de demasiados.

Más allá de las penurias, en estos años he realizado un viaje vital en el que he podido conocer otros mundos que hasta antes de comenzar este proyecto tan sólo me resultaban imaginados. Como aquellos sitios que solo conoces por una postal o una fotografía y que, cuando los visitas, o bien te impresionan o, por el contrario, te decepcionan en mayor o menor medida. Mundos en los que abundan tantas malas prácticas como las que conocí cuando era militar.

Y es que resulta por completo imposible que el mundo militar español haya podido subsistir en su profunda degeneración si la sociedad española no se encontrara también hondamente deteriorada. No me cabe duda que el estado actual del Ejército español sólo es un indicador de la situación de España en su totalidad, algo que he podido comprobar no sólo por mí mismo, sino también por el sufrimiento de otros denunciantes de corrupción de otros sectores de la sociedad.

Pero no podemos ni debemos rendirnos ante esta España Negra, se lo debemos a nuestros hijos. Y no lo haremos.

27 de marzo de 2021